| El desarrollo de la Leica en la dédada del '30, o el nacimiento de la cámara de 35 mm (desde la Leica I hasta la introducción de la Leica III) |
Presentada ante el gran público en la Feria de Primavera de Leipzig en 1924, la primer cámara de 35 mm de la casa Leitz tardó todavía algunos meses en conseguir su proprio nombre que, con el tiempo, se convertiría en sinónimo de precisión mecánica, excelencia óptica e innovación en el diseño. Se propuso inicilmente el nombre de “Barnack Kamera”, pero se deshechó por impronunciable para los compradores de algunos países, sumado al hecho de que Barnack no era demasiado conocido fuera de los ambientes técnicos de Wetzlar, un pueblito perdido entre Colonia y Frankfürt. Estaba claro que el nombre debía contener el de la empresa, por lo que se ensayó más tarde con “Leca”, contracción de LEitz CAmera. El problema con este nombre estribó en que ya existía una “EKA” (una cámara producida en Alemania por Kraus), cuyo nombre sonaba bastante parecido, sobre todo en ciertos mercados, como el francés, en el que la dicción “l’Eka” los convertía en indistinguibles. Se decidió finalmente lanzarla como “LEItz CAmera”, destilado en LEICA. El lanzamiento en 1925 fue exitoso y saludado calurosamente por la prensa del momento, la que sin embargo entendió el evento como un nuevo intento por parte de una fábrica de microscopios de expandir su producción hacia nuevos campos, apostando a un formato que pocos usaban entonces. La película de 35 mm era difícil de conseguir fuera de los círculos cinematográficos, la carga de la cámara no era precisamente simple, otros fabricantes que habían tratado de usar la misma película habían desaparecido o mantenían sus producciones a nivel artesanal, y para rematar, Leitz era una compañìa muy bien considerada entre los usuarios de microscopios pero prácticamente desconocida como fabricante de cámaras fotográficas. Las cámaras de placa que había construído anteriormente (la “Moment” y la “Klapp”) habían de hecho sido un fracaso en ventas. El futuro de la nueva máquina fotográfica, en los ojos de los cronistas de ese entonces, era, cuanto menos, dudoso. Sin embargo, hacia fines de 1925 se habían vendido casi mil cámaras Leica I, 180 de las cuales eran la variación con obturador central (Leica Compur). En 1926 se vendieron más de 1600 cámaras y el año siguiente se duplicó el número de unidades vendidas. Pese a la recesión mundial de 1929, unas 9000 cámaras fueron despachadas desde Wetzlar ese año. Para 1933, el promedio de ventas anual era de unas 30 a 35.000 cámaras. Por primera vez desde los experimentos de Niepce, era una cámara la que se imponía, inventando a la vez un formato, un estilo, y una manera de retratar y atestiguar sobre la realidad del mundo. La Leica I (modelo A) retuvo casi inalterado el diseño de la Leica “0” y de la UR-Leica, con los controles en las mismas posiciones. El obturador de plano focal de recorrido horizontal, que Barnack había perfeccionado en los trece años anteriores se encontraba en un estado de madurez ideal: hasta el día de hoy sigue manteniéndose casi idéntico. Se le han mejorado algunos detalles de funcionamiento en miras a un rendimiento más constante, pero el principio sobre el que se basa no ha sido cambiado. Las primeras Leica
I eran de lente fijo, siendo el objetivo utilizado en primera instancia
el Leitz Anastigmat de 5 cm y apertura relativa máxima de f=1:3,5.
En 1914, Oskar Barnack le había solicitado al matemático
y físico Max Berek, diseñador óptico de E. Leitz,
que proyectara un lente para cubrir el formato de 24x36 de sus cámaras
de prueba (UR-Leica), para reemplazar las ópticas cinemátográficas
(Carl Zeiss Kino-Tessar) que venía usando. Berek le proveyó
el Anastigmat, un diseño de cinco lentes en tres grupos (triplete)
de gran corrección óptica. Barnack lo encontró tan
satisfactorio que no solamente lo usó para las treinta y pico “Nullseries”
de 1924, sino que lo mantuvo incluso para las Leica I de producción
regular, cambiándole el nombre después de las primeras doscientas
cincuenta a “Elmax”, contracción de Ernst Leitz (EL)
y MAX, el nombre de su inventor.Fig. SEQ Fig. \* ARABIC 1: Profesor Max
Berek (1886-1949), matemático y físico El 50/3,5 Elmar, cuya producción abarcó prácticamente 34 años ininterrumpidos, desde 1925 hasta 1959, y con más de 365.000 unidades construidas, se convirtió en la pareja ideal de la Leica. Cobertura total y uniforme del formato 24x36, calidad óptica y practicidad de uso (su diseño “colapsible” permitía retraerlo, empotrándolo en el cuerpo de la cámara y contribuyendo a su pequeño tamaño) lo definieron como el estándar de los lentes normales. No hubo fabricante europeo, americano o japonés, en los años posteriores a su introducción, que no copiara su forma o su fórmula, en algunos casos incluso con escandalosa alevosidad. En 1928, el Hektor de 50 mm y f/2,5 hizo su aparición, marcando un nuevo paso en la búsqueda de la máxima luminosidad y la utilización de la luz ambiente. El nombre, tomado de uno de los perros predilectos del Profesor Berek. Rápidamente, y asociado al crecimiento en ventas, se desarrollò una amplia gama de accesorios, desde telémetros hasta bolsos. Nacía así también el moderno concepto de “sistema fotográfico” centrado en una cámara. Plenamente consustanciado con este desarrollo, Barnack ideó la posibilidad de montar objetivos de diferente distancia focal por medio de una montura a rosca en el cuerpo de la máquina, creando así la Leica I (modelo C) de lentes intercambiables. Encomendó nuevamente al Profesor Berek (título que le sería anulado por los nazis en 1940 por su continuado rehusarse a ceder a sus prerrogativas y recuperado tres años antes de morir, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial),el desarrollo de tales ópticas. Berek entregó los diseños del Elmar de 3,5 cm (un granangular de f/3.5, muy luminoso para la época) y el Hektor de 13,5 cm. Los angulares que existían entonces, para cámaras de placas, eran muy poco luminosos y contaminados por importantes aberraciones, ambas cosas que el Elmar superaba. Los teleobjetivos, totalmente inadecuados para ser usados a mano libre por su baja luminosidad, adolecían de una notable falta de nitidez en los bordes. Berek resolvió esto proyectando un esquema óptico con cobertura para 9x13 cm, por lo que el Elmar, además de poder ser usado sin trípode, presentaba una nitidez en el formato de 35 mm jamás vista. Los objetivos debían ser ajustados a la distancia entre la montura y el plano película de manera individual, por lo que llevaban en su cuerpo inscripta la terminación del número de serie de la máquina a la que correspondían. En 1931 se estandardizó esta diistancia (tiraje), por lo que a cualquier cuerpo se le podían montar cualquier objetivo (Leica I Modelo “C” estandarizada, o Leica I “O” – por el símbolo que tenía en la montura indicando la intercambiabilidad de los lentes). En 1932, el avance incontenible de la fotografía de 35 mm tuvo dos nuevos hitos, que marcaron definitivamente la hegemonía absoluta del formato en el siglo XX. Primero, salió a la venta la Leica I de lentes intercambiables y tiraje estándar a la que se le agregó un telémetro acoplado automáticamente al enfoque del objetivo, conocida como Leica II, o Leica Couplex en el mercado francés. Segundo, la fábrica alemana Perutz lanzó a la venta los primeros rollos de película de 35 mm precargados. A la portabilidad y facilidad de uso de la Leica se le sumó así la practicidad de carga y descarga, desligándola definitivamente del cuarto oscuro donde debían ser cargados los cassettes especiales que se usaban hasta entonces. Se trataba de una película lenta y de grano grueso ( 17 unidades Schneider, equivalentes aproximadamente a unos 4 ASA, más tarde ampliada a 32 ASA), pero que dominó el mercado por un par de años hasta que Kodak, Mimosa, Pathé y Agfa introdujeron sus “Leica Films”. En pocos años, la oferta se expandió hacia películas de múltiples formulaciones, calidades de grano y sensibilidades. Un año
más tarde apareció una versión modificada de la Leica
II, llamada con previsibilidad germana Leica III, que incorporó
el rango de velocidades lentas, de 1 segundo a 1/30. Con la introducción de la Leica III y sus variantes posteriores, la impostación básica de toda máquina fotográfica de 35 mm llegó por fin a su maduración completa. Todas las que siguieron fueron meras variaciones sobre el mismo tema, el sueño de un asmático obligado a acarrear kilos y kilos de equipo fotográfico durante sus terapéuticas excursiones por las montañas de Bavaria.
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